Cómo comerse al mundo
La noche que despertaste, nos sentamos todos a conocernos. Algunos hacían preguntas tontas: ¿Por qué no nos vamos de una vez? -como si quiesiera alejarme-, ¿cómo te fue hoy? -aún espero meter gol-. Y entre tanto palabreo, bromas y risas terminamos bailando. El muchacho con el que vine no es mi novio –de frente- mucho menos me hace feliz. Es una buena persona bla, bla, bla con una vida ordenada bla, bla, bla y eso bla, bla, puede ser bla. Entonces tú me atraes. Tú también. Qué feliz un tú también, también igual que tú. Como tú. Me parezco a ti. Por las noches soy tan solo que amanezco bronceado y en el día parcho mi cara con una sonrisa. Yo la vi, es bastante verosímil. Te creo todo, todito lo entiendo; la diversificación de las cosas en general y en especial, el estado de perfección en común; la fruición, la intención, la elección, el consejo, el consentimiento y el uso. Qué abuso, señor. Explíqueme un par de cosa más: ¿por qué las bocas no son más grandes y por qué el mundo no es más pequeño para devorarlo con usted dentro?


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